Durante mucho tiempo se creyó que la menopausia debía afrontarse “de forma natural”, aun cuando eso significara dolor, síntomas incómodos y pérdida de bienestar. Hoy, voces como la de Foegh nos invitan a cuestionar esa idea y a mirar otras opciones que pueden ayudarnos a sentirnos mejor en esta etapa.
Algo distinto estaba pasando. Más allá de los cambios habituales que solemos sentir las mujeres en nuestros ciclos menstruales, esto era diferente. Eran sensaciones que persistían con el paso de los días. Me sentía rara, con cierta apatía y una falta de concentración que me resultaba extraña: era como si mis pensamientos caminaran con viento en contra.
Al mismo tiempo, mi sueño comenzó a volverse irregular, y poco después aparecieron los tan conocidos calores, leves pero molestos.
Por entonces ya había leído algunas notas sobre la Terapia Hormonal para la Menopausia (THM), pero lo que marcó un antes y un después fue escuchar un episodio del podcast Ubegribeligt (que en español significa Incomprensible). El episodio se llama “Menopausia” y en él entrevistaban a Marie Foegh, especialista danesa en ginecología y medicina interna. Su mirada me ayudó a entender que la menopausia no es una etapa de resignación, sino un momento en el que existen opciones para mejorar nuestra calidad de vida, y una de ellas puede ser la THM.
En el podcast, Foegh menciona que las mujeres no alzamos la voz lo suficiente sobre lo que sentimos, ni durante nuestros ciclos menstruales ni en la menopausia. Coincido. Muchas veces minimizamos lo que nos pasa: desde los dolores intensos o los cambios de humor, hasta esas pequeñas incomodidades que parecen menores pero que igual nos afectan —dormir con la preocupación de mancharnos, salir con varias toallitas femeninas en la cartera “por las dudas”, o lidiar con los días incómodos en la playa o durante los viajes—. Lo vemos como “parte de la naturaleza de la mujer”, terminamos aprendiendo a convivir con eso.
Luego llega la perimenopausia, un término que, hasta hace poco, ni conocía. Una etapa de cambios que tampoco relacionaba con lo que sentía. Sabía que los calores podían aparecer en la menopausia, pero yo todavía no estaba allí. Al hablar con mi ginecóloga entendí que estaba atravesando la perimenopausia, y que esos síntomas tenían que ver con un desequilibrio hormonal natural para esta etapa.
Esa entrevista fue una puerta que se abrió: no solo me permitió entender por qué estaba cambiando mi cuerpo, sino también comprender que no hay por qué resignarse ni minimizar lo que sentimos cuando atravesamos este proceso. Por eso quiero compartirla.
Quiero dejar en claro que este artículo no es una promoción de la THM. Esta terapia puede ser una opción para muchas mujeres, pero no es recomendable en todos los casos. Cada mujer debe consultar con su médica/o o ginecóloga/o para evaluar sus síntomas y conocer las alternativas disponibles.
¿Qué pasa en el cuerpo durante la menopausia?
Marie Foegh explica que las mujeres nacemos con una cantidad finita de óvulos:
“Ya en la vida fetal empezamos a tener millones de ellos. Cuando nacemos, nos queda 1 millón. Cuando llegamos a la pubertad, nos queda medio millón.” Sin embargo, este número disminuye rápidamente. “Cada vez que empieza la ovulación hay un montón de ellos, pero solo uno gana, y los demás simplemente mueren”.
La especialista define la menopausia como el momento en el que los ovarios dejan de funcionar plenamente. Durante la etapa fértil, cada ciclo mensual estimula la producción de estrógeno y progesterona, pero este proceso se detiene cuando ya no se ovula. ¿La razón? “Porque no tienes más óvulos.”
En ese período de transición, la glándula pituitaria intenta “forzar” la actividad ovárica liberando más hormonas estimulantes, pero sin éxito: “No hay respuesta. Y ninguna respuesta significa ninguna producción de estrógeno.”
Síntomas más allá de los sofocos
Foegh menciona que existe una lista de al menos 34 síntomas asociados a la falta de estrógeno: problemas psicológicos, sudoración, pérdida de cabello, uñas quebradizas, aumento de peso, vejiga hiperactiva, mareos, palpitaciones, irritabilidad, cambios en el olor corporal, insomnio, sensación de descarga eléctrica, dolores musculares, entre otros.
La explicación está en que hay receptores de estrógeno en muchísimos tejidos. “De repente se les quita el estrógeno, y entonces tienen que descubrir cómo funcionar, y no va muy bien, algunos órganos y células envejecen muy rápido, y por eso se presentan síntomas en todas partes.”
Los calores o sofocos son conocidos, pero Foegh advierte que para muchas mujeres es el menor de los problemas: “Para muchas, los problemas son todos los demás síntomas, que pueden comenzar con muchos de ellos psicológicos. Te pones ansiosa, te deprimes, no puedes recordar, crees que estás empezando a tener demencia.” Añade, en este sentido, que los psiquiatras que le envían pacientes, muchas veces, comprenden mejor los cambios hormonales que otros especialistas como médicos o ginecólogos.»
Un fenómeno reciente en la historia evolutiva
“Si nos remontamos a miles de años atrás, hemos evolucionado para estar embarazadas casi permanentemente y morir antes de la menopausia. No existía la menopausia, así que no estamos desarrolladas para eso en absoluto”, explica Foegh.
Estar embarazada con frecuencia implicaba mantener altos niveles de estrógeno y progesterona durante gran parte de la vida. “No fue hasta 1900 que las mujeres empezaron a vivir después de la menopausia. No hace tanto tiempo.” Fue en esa época cuando los médicos comenzaron a lavarse las manos, y aumentó la expectativa de vida femenina. “Las mujeres sobrevivieron a ese período y empezaron a vivir en la menopausia y después de ella.”
Por lo tanto, para Foegh: “no es natural no reponer las hormonas que se han perdido”, ya que esto “puede tener un gran impacto en el bienestar de las mujeres.”
Para ella, no se trata solo de vivir más tiempo: “Todos queremos vivir más, pero no queremos vivir más a cambio de un precio; también queremos vivir mejor, queremos tener calidad de vida.”
Cómo administra el tratamiento hormonal
“Las mujeres pueden vivir más y mejor si se les administra un reemplazo de las hormonas que ya no tienen. Pero hay que empezar cuando desaparecen.” Agrega que nadie sabe con certeza si se puede dar tratamiento después de 10 años (pasada la menopausia).
El tratamiento con estrógeno, explica Foegh, “es bastante simple”, ya que se administra a través de la piel. Antes de comenzar, suele revisar la función tiroidea porque sus alteraciones pueden generar síntomas similares a los de la menopausia. Luego, prueba el tratamiento y ajusta según los resultados. “Y el efecto es asombroso de lo que ha sido insoportable.”
Un buen indicador de éxito es cuando una paciente le dice: “ahora puedo ser yo misma otra vez.”
El seguimiento que hace con cada paciente es progresivo: una vez que los síntomas se estabilizan con el nivel hormonal adecuado, la ve a los seis meses, luego al año y, en adelante, cada año.
“Con el tiempo, después de 10 años por ejemplo, puedo reducir el estrógeno. Y la dosis de mantenimiento, quizás a los 80 años, es la más baja posible.”
El estudio que generó miedo
“Hace unos 20 años se publicaron —y difundieron con gran frenesí mediático— los resultados preliminares de un gran estudio estadounidense que analizaba si el tratamiento con estrógenos ayudaría con las enfermedades cardiovasculares. Luego descubrieron que parecía haber un ligero aumento del riesgo de cáncer de mama y probablemente ningún efecto sobre las enfermedades cardiovasculares, o incluso lo contrario.”
El estudio fue suspendido y, según Foegh, el anuncio fue desproporcionado: “Proclamaron con bombo y platillo que las mujeres debían dejar de usar hormonas para prevenir el cáncer de mama. Y presumiblemente, esto también empeoraba las enfermedades cardiovasculares, en lugar de mejorarlas como se esperaba.”
La especialista señala que las conclusiones de aquel estudio no son comparables con las terapias actuales: el estrógeno utilizado provenía de la orina de yeguas preñadas y la progesterona era un progestágeno que ya no se usa.
Además, hubo una rama del estudio en la que se administró estrógeno solo a mujeres sin útero, y en ese grupo el riesgo de cáncer de mama disminuyó, pero esa parte de los resultados nunca fue destacada.
El silencio de las mujeres
El periodista del podcast le menciona: “…hay algo que impide que las mujeres sean escuchadas…”
A lo que Foegh responde: “En parte se debe a que las mujeres no alzan la voz. Las mujeres sufren mucho en silencio. Ya están un poco condicionadas por tener la regla, por el dolor que muchas tienen, y porque es algo que hay que soportar, y así es. Así que las mujeres han aprendido que, bueno, así es, y así es también con la menopausia, pasará.”
El periodista agrega: “pero la pregunta es cuánto hay que sufrir en el camino.”
“Sí —responde Foegh—, y también que se presentan más síntomas articulares si no se trata con estrógeno. Dolor muscular, síntomas de vejiga. Incluso se han publicado bastantes artículos sobre palpitaciones, que a veces se asocian con fibrilación auricular. Y el estrógeno, de hecho, reduce el riesgo de fibrilación auricular. Así que puedes escuchar que funciona en todas partes.”
¿Cuándo no es recomendable?
No todas las mujeres pueden acceder al tratamiento hormonal. “Por ejemplo, las mujeres que han tenido cáncer de mama no pueden recibir tratamiento con estrógeno”, explica Foegh. Aunque no todos los cánceres de mama tienen receptores de estrógeno, algunos podrían mutar, y ciertas metástasis llegar a desarrollarlos. “Ahí no se quiere administrar porque puede causar una recaída o recurrencia. Yo no lo recetaría en ningún caso”, afirma.
“Otro grupo son las mujeres con enfermedades autoinmunes.”
Con ellas, Foegh adopta una postura prudente: primero observa si los síntomas empeoran con el tratamiento y, de ser así, lo suspende. “Pero hay mujeres que desarrollan enfermedades autoinmunes durante la menopausia. Por alguna razón, el sistema inmunitario se ha despertado. En esos casos, la mayoría de las veces, les ayudará recibirla.”
Según la especialista, la terapia hormonal podría funcionar para “una gran proporción de mujeres.”
Mitos, riesgos y lo que dicen los estudios
Foegh menciona estudios suecos que han mostrado un dato interesante: “Las mujeres posmenopáusicas que tomaron estrógeno tuvieron menos muertes por coronavirus que las que no lo hicieron. Así que… Sí, afecta al sistema inmunitario.”
También desmiente el mito más extendido: “Lo que asusta a todas las mujeres es que dicen que si reciben terapia hormonal tendrán cáncer de mama.” Incluso en el viejo estudio, el riesgo (absoluto) era muy bajo.
¿Cuándo empezar y cuándo dejar la THM?
Sobre cuándo comenzar, Foegh recomienda iniciar el tratamiento cuando los períodos se vuelven irregulares, porque eso indica que el ovario está a punto de rendirse. La edad promedio en la que ocurre esto es a los 52 años, puede variar entre los 45 y los 56.
En cuanto a dejarlo, su opinión difiere de la regla oficial:
“La regla oficial es después de cinco años. Y yo digo cuando te mueres”, afirma.
Protección y beneficios
“No veo la desventaja de administrar hormonas, veo los beneficios”, dice Foegh. Además, “hemos descubierto que en realidad ese tratamiento combinado protege más contra el cáncer de útero.”
Actualmente, los casos de cáncer de endometrio están aumentando, y Foegh cree que podría deberse a la reducción en el uso de tratamientos hormonales en la población femenina.
¿Un tema tabú?
El periodista le pregunta si el tema de la menopausia sigue siendo tabú:
“Sí, he experimentado eso, también porque no hay tanto dinero para investigación, realmente no hay investigaciones al respecto, y si tiene algo que ver con el hecho de que se ha declarado natural y no debemos interferir con ello, desde un punto de vista médico, podría ser la postura, y luego como mencionaba antes, de que las mujeres están acostumbradas a andar en silencio con sus problemas.”
En EE. UU., cuenta, la postura oficial sigue siendo no tratar con hormonas, salvo como último recurso y durante el menor tiempo posible. “Soy miembro de la Sociedad de la Menopausia en EE. UU., y todos nos preguntamos por qué no hay ninguna diferencia cuando se publican nuevos estudios que demuestran que administrar hormonas es realmente beneficioso.”
“Y probablemente no se pueda hacer nada al respecto hasta que haya un movimiento popular de mujeres que diga basta.”
Para Foegh, la clave está en el conocimiento:
“Que sepan que no es algo que se pueda soportar sin más. Existe tratamiento, y quizá es mi idea de que se debe tomar estrógeno de por vida, (pero es) una idea que está respaldada por estudios. Debemos analizarlo y cambiarlo.”
“Tal vez se necesita un poco más de conocimiento sobre que todos esos síntomas en realidad podrían deberse a una deficiencia de estrógenos.”

